domingo, 21 de octubre de 2012

Cuento Las Vírgenes Feas y Comentario Literario


 

            Las Vírgenes Feas



  La Manuela había espachurrado ajo toda la mañana, así que de la cocina salía un olor envolvente que yo sabía le iba a durar en los dedos por lo menos tres días. La vi llenar un cuenco de ajos machacados, y luego otro y otro, y no me alarmaba mientras pensaba que era para la sopa. Pero cuando vi a la Manuela caminar al cantero y amasar el ajo con tierra húmeda en un cazo, le dije «ah, ahora sí que vos estas soreca, tata ¿vamos a comer suelo aliñado?». «No juegues», me dijo, «que ahorita cuando se nos acabe la poca tortilla que queda, voy a pensar en unos tamalitos de barro», y se rió. A mí siempre me gustaba aquella risa linda de la Manuela, como si no le tuviera miedo a nada en el mundo. «Ven», me llamó, «¿ves cómo espanta a los zompopos?». Yo no veía nada, pero ella decía que por tanto zompopero hacía tiempo que no teníamos flores. El ajo es bueno, dijo.De la iglesia siempre me sorprendía el contraste entre el bullicio de los vendedores de estampas o velas, y aquel silencio de espanto en la nave. Manuela caminaba con paso firme y de vez en cuando se persignaba frente a las imágenes. Me jalaba por el brazo y mi impulso la chocaba cuando se detenía en seco. «¡La cruz!», me susurró finalmente. Entonces empecé a imitarla y hacía como si me agachara frente a las santas. Llegó a un banquillo y yo me arrodillé junto a ella. La oía murmurando cerca de mí aquellos rezos que aún hoy me pregunto qué podrían haber dicho. «Cierra los ojos», me dijo primero, y luego «¡Vamos ya!». La seguí casi a las carreras. Traté de igualar mi paso corto a su estilo distinguido y su frente en alto, pero estaba aún demasiado expuesta a los asombros. «Flores, señoritas», insistió un hombre interrumpiendo el paso¡Ya tenemos, gracias», dijo Manuela, y solo entonces vi el ramo enorme de dalias que llevaba en la mano contraria.¿De dónde las había sacado? «Ma, seguro que es pecado robarle las flores a la virgen». Ella no contestó. Yo no sabía si poner cara pícara, como que habíamos hecho una travesura, o un gesto grave de consternación. Yo no quería que la virgen me castigara por la complicidad en el delito. Pero descubrí a unos cuilios cerca de la esquina y temí, porque la virgen estaba demasiado lejos para condenarme, y aquellos tenían unos cañonotes largos colgados al hombro. Yo miré a la Manuela, y la mirada pétrea, de una dureza impenetrable, avanzaba de prisa rasgando el aire. Los cuilios le silbaron y le dijeron groserías. No las entendía, pero había aprendido a distinguirlas por el tono. Era de las primeras enseñanzas que nos inculcaban a las nenas. Manuela siguió, y yo me puse muy nerviosa, pensé que nos iban a prender por robarle las flores a una santa. «Anda, deprisa», dijo Manuela y no paramos hasta la casa.¡Entonces la vi desparramar el mazo en pequeños ramilletes. Allí, sobre los anaqueles del armario viejo, existía un altar que nunca había imaginado. Una veintena de estampas, amarillas ya, descansaban junto a vasijas con flores secas. Me acerqué, detallé los rostros del panteón de la Manuela. No eran ángeles nevados los que estaban ahí, mirando desde el cartón. No, como la Santa Rita, de nariz filosa y ojos azules, o la inmaculada Santa Liduvina, que yo había visto en una cartilla de Semana Santa, todas cheles y bellas y limpias, con los mantones brocados hasta el piso. En aquellas postales las vírgenes reían a veces, o miraban tristes así, a la nada. Una tocaba guitarra, y otra estaba vestida de militar, con botas de hombre y un fusil contra el piso. Eran indígenas, o gordas, o rugosas, como la tierra seca que no quería florecer ¡La Manuela cambió con ternura el agua de los vasos, acomodó los nuevos ramilletes junto a sus santas, les conversó y lloró como niña junto a ellas. Tomó algunas estampas en sus manos y mencionaba nombres, como si hubieran sido sus hermanas, más que yo. Un día tras otro la vi traer flores. A veces lo hacía sin mí. Su altar se poblaba cada vez más con nuevas caras. En ocasiones eran casi cipotas. «No podemos sufrir más», la oí decir, y algo como «lucha» o «guerrita» o «guerrilla». Y era tanta la fuerza, o… no sé… la fe tan grande que depositaba en esas extrañas oraciones, de las que nunca había oído en misa, que estuve segura de que alguna vez, alguna de esas muchas santas manchadas, la iba a oír.


                  Comentario Literario

"Las Vírgenes Feas"
Lidoly Chávez Guerra

Lidoly Chávez Guerra  también escritora de cuentos ligados a la religión católica, entre otros cuentos de religión, el contexto histórico de la escritora es el mismo de el personaje del cuento ya que viven el la habana, cuba en el siglo XIX donde las guerrillas se enfrentan contra en ejercito de Cuba, la autora de
“las vírgenes feas” es de clase media y el personaje  del cuento tiene un estatus pobre, ya que le dice a su hija que estaba machacando ajo, si no tenemos para comer y las pocas tortillas que nos quedan tendremos que comer tamales de barro.Este cuento trata de una señora y su hija que viven en la Habana, Cuba, en el centro de la ciudad, usan regionalismos y extranjerismos como zompopo, zompopero, enchurrado, entre otros. El texto esta dividido en 4 párrafos. De los personajes presentes la señora que se desconoce el nombre  y el nombre de  la niña es manuela, la hija esta triste por que su jardín ni florece.
› Al principio del párrafo la niña se encuentra triste por que su jardín no florecía y preocupada por que tendría el olor del ajo por 3 días pero al decirle la mama lo de los tamales de barro puso una hermosa sonrisa y la madre se encontraba molesta  por que le decía que no jugara con la comiday luego alegre al ver a manuela reír. En el segundo párrafo la mama le dice a manuela que se vista que iban a ir a Coatepeque y la niña pensó que algo malo había pasado pero no solo fueron a visitar a la virgen de Coatepeque en este párrafo la niña esta preocupada . En el 3 párrafo manuela llega ala iglesia y ella mira todo a su alrededor los vendedores, las estampillas, entre otras cosas, entramos ala iglesia y ella se arrodillo y empezó a decir sus rezos, entonces manuela le dijo a la mama vámonos ya al Salir de la iglesia la mama se percata que la niña trae unas flores en la mamo y le pregunta a la niña de donde has sacado esto ella le respondió de la virgen pensé que como ya estábamos lejos de la iglesiala virgen nos perdonaría entonces los vendedores les empezaron a decir cosa y ellas no entendían pero por el tono se su voz sabían que les decían algo malo. En el párrafo 4 y final la niña y la mama deciden entonces huir a un altar que era  donde se encontraron con las……………….. Vírgenes Feas la autora pone  las vírgenes no era ángeles, es santa Rita de nariz filosa y ojos azules o la inmaculada santa diluvian que había visto en una cartulina  y al regresar ella manuela cambio con ternura el agua y se las puso a sus santas  converso  y lloro ,tomo algunas estampas en su mano y mencionaba sus nombres , les tenia un altar y cada vez se llenaba con diferentes caras en ocasiones eran raras , la fe te que tenia manuela eran muy grande hacia estas vírgenes. 



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